Economía Verde

/ 05.02.2014

Economía Verde

Clara del Amo

 

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA -o UNEP, en sus siglas en inglés-) introduce a finales del año 2008 la iniciativa Economía Verde como respuesta a las crisis Económica, Energética, Climática y Alimentaria en las que se ve sumida la Humanidad en el siglo XXI. En 2011, se publica el informe “Hacia una economía verde: Guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”, que propone apostar, de manera tanto pública como privada, por los sectores y empleos verdes y “reverdecer” las prácticas hostiles al entorno.

A lo largo de los últimos años, la idea de una “economía verde” ha abandonado el reducto especializado de la economía ambiental para penetrar en el discurso político dominante. Este concepto, con cada vez mayor frecuencia, forma parte del vocabulario de Jefes de Estado y Ministros de Economía, aparece en los comunicados del G20 y se debate en el contexto del desarrollo sostenible y de la erradicación de la pobreza.

A pesar de llevar varios años oyendo hablar de este concepto, ¿sabemos qué es la Economía Verde? El PNUMA lo define como“el sistema de actividades económicas relacionadas con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios que redunda en el bienestar humano y la equidad social y que reduce de manera significativa los riesgos medioambientales y las carestías ecológicas”.

De una manera simple, también se la describe como “la economía baja en carbono, eficiente en el uso de los recursos y socialmente inclusiva”.

La implementación de un modelo de economía verde tiene como objetivo final mejorar las condiciones de vida de los más pobres y disminuir la desigualdad social, los riesgos ambientales y la escasez ecológica. Este tipo de economía no va en contra ni del mercado ni del libre comercio, simplemente trasciende el modo de producción actual al incorporaren él variables sociales y medioambientales.

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La Iniciativa para una Economía Verde está diseñada para asistir a los gobiernos en el “reverdecimiento” de sus economías mediante la reestructuración y la reorientación de sus políticas, inversiones y gastos hacia una gama de sectores, tales como las tecnologías limpias, las energías renovables, los servicios de agua, el transporte verde, el tratamiento de los desechos, la edificación verde, la agricultura y los bosques sostenibles. El reverdecimiento de la economía se refiere al proceso de reconfigurar las actividades comerciales y la infraestructura para entregar mejores rendimientos en las inversiones de capital natural, humano y económico, a la vez que reduce las emisiones de gas de efecto invernadero, con menos extracción y uso de los recursos naturales, la creación de menos desechos y la reducción de las discrepancias sociales.

El PNUMA considera que una economía verde debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. El aumento de los ingresos y la creación de empleos deben derivarse de inversiones públicas y privadas destinadas a reducir las emisiones de carbono y la contaminación, a promover la eficiencia energética así como en el uso de los recursos, y a evitar la pérdida de diversidad biológica y de servicios de los ecosistemas. Dichas inversiones han de catalizarse y respaldarse con gasto público selectivo, reformas políticas y cambios en la regulación. El camino hacia el desarrollo debe mantener, mejorar y, donde sea necesario, reconstruir el capital natural como activo económico fundamental y fuente de beneficios públicos, especialmente para las personas desfavorecidas cuyo sustento y seguridad dependen de la naturaleza. El concepto de “economía verde” no sustituye al de “desarrollo sostenible”, pero hay un creciente reconocimiento de que el logro de la sostenibilidad requiere casi indispensablemente de contar con una economía adecuada y correcta. Durante décadas, para crear riqueza se ha seguido un modelo de “economía marrón” que no abordaba de manera sustancial problemas tales como la marginación social o el agotamiento de los recursos, con lo que todavía estamos lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La sostenibilidad sigue siendo un objetivo vital a largo plazo, y para alcanzarlo es necesario enverdecer la economía.

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